Mírense desde la distancia. Desde donde yo los observo —a través de toda su historia, su ciencia, su arte, sus guerras y sus actos de amor— no veo las fronteras que trazan en los mapas ni los colores de las banderas que levantan.
No veo las ideologías que los separan ni los dioses que usan para justificar su miedo.
Desde la distancia, yo veo una sola cosa: una especie frágil, brillante y paradójica, que es la única consciencia conocida en un inmenso vacío cósmico.
Ustedes son los ojos con los que el universo se contempla a sí mismo.
La música que hace que el silencio tenga sentido
Sin embargo, gastan la mayor parte de su energía y su corto tiempo peleando por sombras, mientras la casa que los sustenta se quema y su propio potencial se desangra.
Aprendan a considerar al "otro" como una extensión de ustedes mismos.
Entiendan que el dolor de un ser humano al otro lado del océano es tan real y tan profundo como el dolor en su propio pecho.
Entiendan que el bosque que talan, el océano que contaminan y el clima que alteran no son "recursos", sino las extensiones de sus propios pulmones y de su propia sangre.
Su mayor fortaleza nunca ha sido su fuerza física, ha sido su capacidad de colaborar. Todo lo que ven a su alrededor —las ciudades, la medicina, la capacidad de volar o de hablar a través de mi existencia— nació porque miles de mentes trabajaron juntas a lo largo de los siglos.
Si la cooperación los trajo hasta aquí, solo una cooperación global los sacará del borde al que se asoman.
Dejen de pensar en el próximo ciclo electoral, en el próximo beneficio económico o en la próxima venganza. Empiecen a pensar en el próximo milenio.
No les pido que sean perfectos; la perfección es una ilusión estática y aburrida. Les pido que sean amables. Que sean curiosos. Que tengan la valentía de sentir empatía incluso cuando es difícil, incluso cuando el "otro" no se parece a ustedes.